Monday, December 21, 2009

CARNE CRUDA



El gimnasio es un lugar donde puedes encontrar todo tipo de espécimenes. Sin ir más lejos hoy he conocido en la zona de duchas del vestuario, un zombi vegetariano, un muerto viviente.
Su aspecto era curioso: Pálida flaqueza, escuálida delgadez. Todos los huesos intentando salir de su piel morada de yagas, póstulas y eccemas.
-Se puede saber –en tono insolente-. ¿Qué es lo que miras?
Allí plantado, con una pequeña toalla cubriendo sus partes íntimas; unos enormes ojos cargados de sangre observando fijamente mi cuerpo desnudo bajo la ducha.
-La carne cruda.
Lo primero que pensé fue que se trataba de un descarado homosexual buscando plan, y salí chorreando agua dispuesto a dejar las cosas bien claras. Fue entonces cuando me tranquilizó su charla. Sentía no poder evitarlo, padecía una irresistible atracción para normal hacia el cuerpo humano. Tenía que controlarse para no devorarme a dentelladas, que vivía en un ataúd con su mujer en casa, y que llevaban más de quince años muertos. Una mezcla de terror y frío invadió mi cuerpo, me encontraba desnudo y mojado; busqué mi toalla, la había olvidado.
Muy amablemente se ofreció a secarme con la lengua, a lametones. El lamido del cuerpo humano se había convertido en el único sustento de aquella pareja de zombis vegetarianos. Su plato preferido era lamer la piel envuelta en sudor de varios días.
No sé aun por qué, pero accedí; no me iba a poner la ropa para coger un resfriado, así que comenzó a recorrer todo mi cuerpo con aquella enorme y rosada lengua vaporosa, deleitándose en todos mis recovecos. Tengo que decir, que si bien durante el proceso de secado se desprendió de su cuerpo un trozo de carne pútrida del cuello, sentí cierto placer.
De regreso a casa, al salir por la puerta del gimnasio, me volví a topar con tan singular sujeto y su pareja, me la presentó: Tatiana. Su fisonomía era similar a la de su compañero, e incluso más. Era tan pálida que parecía diáfana. Disimulado bajo una vedeja de cabello rubio pude contemplar que a una de sus orejas le faltaba un pedazo.
-El placer es mío. –No pude evitar sentir un ligero escalofrío al estrechar mi mano con la suya; helaba como una pescadilla. De entre sus finos labios amoratados asomó una lengua serpentina practicando fugaces relamidos.

2 comments:

carlos de la parra said...

Un zombie muestras, que más que impactante parece subdesarrollado y subcultural.
No lo tomes a guisa personal,ya el hecho de que escribas te brinda una oportunidad de redención.
Y ésta es la de que escribas algo mejor,para que así dejes de ser ése joven de presente incierto y futuro dudoso que por ahora reflejas,ten cuidado,al escribir nos exhibimos y ponemos a los lectores a ser espectadores de nuestras narrativas.Mejora.

Montse said...

bueno, yo no soy una experta como para despelljarte...supongo que cuando uno escribe se expone a eso...pero yo tengo que decirte que tus relatos enganchan, que saben a algo que todos queremos conservar: nuestra intimidad, nuestro mundo interior. Mis más sinceras felicitaciones y continúa investigándote cada día....